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Home Escala Crítica Desencanto: la política debe ser cosa seria; tentaciones del mercado

Desencanto: la política debe ser cosa seria; tentaciones del mercado

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 Escala Crítica/Columna diaria

*El cálculo perverso: mejor pagar la sanción que cumplir la ley
*El descrédito de la democracia un riesgo para la estabilidad
*ADN y Candelario: acciones individuales, reacomodos estratégicos
 
Víctor M. Sámano Labastida
 
HAN (RE)COMENZADO las campañas electorales. Entramos en la segunda semana de quienes batallan por la Presidencia. Algunos equipos no parecen darse cuenta que llegó la etapa decisiva. Por lo menos desde el año 2000 existe una labor propagandística sin fin. Se les ha nombrado de varias maneras: actividades ordinarias partidistas, precampañas, intercampañas, campañas oficiales, procesos internos. Siguiendo la costumbre mexicana basada en la desconfianza, hay regulaciones para todas ellas…y mañas para evadirlas.
Tal parece que el verdadero incentivo es para no cumplir la ley. Los partidos realizan un cálculo perverso: no acatar las normas tiene un costo mucho menor que los beneficios. Hay ganancia segura…porque además la sanciones se pagan con dinero público. 
Aquel partido que cumple estrictamente la Constitución, las leyes secundarias, sus mismos estatutos y los principios de la ética política (una hipótesis casi imposible) queda en desventaja. El premio a la simulación es suficientemente apetitoso como para ignorarlo. Esto deteriora la ciudadanía.
Se supuso que abrir la puerta a las candidaturas independientes llevaría a una transformación radical. No es así. También se cifraron insostenibles esperanzas en la reelección. Vemos sólo una repetición de vicios.
Dirán que la política se hace con persona de carne y huesos, en circunstancias terrenales mexicanas (y tabasqueñas). Que esto es lo que somos. 
Es una expresión popular que un caldo de gallina requiere gallina, lo mismo que una democracia necesita demócratas. ¿Puede haber grados? ¿Ser más o menos demócrata?
 
YA NO ES LO QUE ERA
POR LO MENOS hay que dejar constancia que para el común de la gente, la política dejó de ser una actividad excepcional. Está sujeta a las leyes del mercado: oferta y demanda, un cálculo de los beneficios inmediatos. Cada vez hay más personas decepcionadas de los políticos y de la democracia, nos dice el propio Instituto Nacional Electoral (INE) y organizaciones como Latinobarómetro, que han medido en encuestas el estado de ánimo social. Los gobernantes responden se debe a que a la democracia y a los políticos se les pide algo que no pueden dar: garantías de una mejor vida para la mayoría.
Contradictoriamente, la experiencia política y la militancia es despreciada por los propios dirigentes partidistas quienes cada vez más recurren a ciudadanos con (presunta) popularidad, y no pocas veces a la improvisación.
Tiene razón la politóloga Ivonne Acuña (Universidad Iberoamericana) cuando recomienda que debe ser obligatorio por ley que quienes aspiran a cargos públicos se sometan a un “curso propedéutico” a fin de que conozcan sus obligaciones y la importancia del puesto que ocuparán (La Jornada, 8/IV/2018). Se supone que la mayoría de los candidatos sabe por lo menos los estatutos y programa de los partidos que representan. Aunque sólo sean documentos de buenas intenciones.
Hay quienes han exigido títulos académicos para los gobernantes y representantes populares, un requisito que no está en la Constitución y que –en estricto sentido- sería contrario al precepto democrático del derecho a votar y ser votado.  Pero esto no lo exime de que se establezcan mecanismos para la evaluación de rendimientos y hacer efectiva la obligatoriedad de transparencia y rendición de cuentas.
Es necesario, sin duda, que se evite un mayor deterioro en la confianza pública. Impedir que este descrédito lleve a una ruptura de graves consecuencias para los propios políticos...y para todos.
 
CORRIENTES EN PUGNA
 
COMO se sabe, en el PRD se ha librado una abierta lucha de corrientes, en donde actualmente se disputan la hegemonía Nueva Izquierda (NI, conocida como Los Chuchos) y Alternativa Democrática Nacional (ADN). Esta tensión se reflejó en la selección de candidatos, en la elección de dirigentes y todo indica que se verá reflejada en las actuales campañas electorales. 
Dijo hace unas semanas un alto dirigente del PRD: “Me parece que ADN es un Caballo de Troya en el partido”. Quien lo afirmó está vinculado a Los Chuchos. Tenía en mente lo sucedido en Edomex, donde ADN logró imponer la candidatura de Juan Zepeda y rechazó una coalición con el PAN. 
La interpretación de esos hechos puede ser diversa. El caso es que el PRI en alianza con el PVEM y Panal ganó la gubernatura, el PRD quedó tercer y el blanquiazul quedaron en cuarto lugar. En los números por partido, el ganador fue Morena.
La reciente decisión del ex dirigente del PRD en Tabasco, Candelario Pérez, quien sin renunciar a su partido anunció que apoyará a López Obrador, así como a Adán Augusto López y Evaristo Hernández candidatos de Morena en la entidad, parecería confirmar el doble juego de ADN cuyo líder estatal Juan Manuel Fócil se queda en el PRD donde es candidato a Senador en la primera fórmula. Claro que en la conducta de Candelario Pérez hay que considerar varios factores. Entre otros la forma como fue sacado de la dirigencia estatal, su desaparición de la lista de aspirantes a la alcaldía de Centro (tuvo que recurrir al INE) y la llegada de Jaime Mier a la candidatura de la capital tabasqueña. 
¿Tomó la decisión Pérez Alvarado sin consultar a su líder nacional Héctor Bautista?, ¿es un movimiento estratégico acostumbrado por el mexiquense?  
 
AL MARGEN
NO ESTÁ por demás recordar ahora a Haruki Murakami quien escribió: lo que es parte del problema no puede ser la solución.
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